Se acaba una etapa

El domingo pasado salí de mi pueblo bien pronto, con esa luz sutil y brillante de las frías mañanas de invierno, había un silencio que casi abrumaba, la escarcha y el hielo recubrían la cuneta y antes de salir a la autopista y perder esa magia, paré a coger gasolina en un lugar bastante solitario. Justo a la misma vez que me bajaba del coche, de la tienda de la gasolinera salía un cura (creo que ortodoxo) vestido de negro con un sombrero y una gran sonrisa gritando ¡FELIZ NAVIDAD!, lo mismo le contesté asintiendo con la cabeza. ¡Vaya energía! pensé. Detrás de él salía el chico de gasolinera, también sonriente y haciendo bromas. Me puso gasolina y cuando estaba pagando, no se cómo ni por qué, me contó cómo echaba de menos el calor de la India, de donde acababa de regresar tras estar un mes meditando allí en un Ashram. Levanté la cabeza mientras guardaba la tarjeta y sonreí, ¡qué bonita es la vida! pensé. Y sin decir mucho, el chico me dio una hoja de papel con un cuento y, con esa humildad y serenidad que transmitía, me dijo que esperaba que me llegara igual o más de lo que le había llegado a él.

Hoy, día 31 de diciembre, quiero compartir contigo este cuento, un buen momento para replantearse el cerrar etapas, aceptando y viviendo en el presente, disfrutando del ahora.

Qué lo disfrutes, tanto o más de lo que yo lo disfruté al leerlo. Desapegarse, soltar… puedo asegurarte que me resonó :).

Te deseo un año lleno de salud, amor y abundancia en tu vida. Y sobre todo, un año lleno de magia.

“Siempre es preciso saber cuando se acaba una etapa en la vida. Si insistes en permanecer en ella, más allá del tiempo necesario, pierdes la alegría y sentido del resto. Cerrando círculos, o cerrando puertas, o cerrando capítulos. Como quieras llamarlo, lo importante es poder cerrarlos, dejar ir momentos de la vida que se van clausurando. ¿Terminó con su trabajo? ¿Se acabó la relación? ¿Ya no vive más en esa casa? ¿Debe irse de viaje? ¿La amistad se acabó? Puede pasarse mucho tiempo de su presente “revolcándose” en los por qués, en dar un sentido y tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito porque en la vida, usted, yo, su amigo, sus hijos, sus hermanas, todos y todas estamos abocados a ir cerrando capítulos, a pasar hoja, a terminar con etapas, o con momentos de la vida y seguir adelante. No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltar, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculados a nosotros. ¡No! Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Por eso a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, documentos por tirar, libros por vender o regalar. Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas, y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que pasar la hoja, hay que vivir con solo lo que tenemos en el presente. El pasado ya pasó! No esperen que vuelva, no espere que le reconozcan, no espere que alguna vez se den cuenta de quien es usted. Suelte el resentimiento, el dar una y otra vuelta al asunto, lo único que consigue es dañarlo mentalmente, envenenarlo, amargarlo.

La vida está hacia adelante, nunca para atrás. Porque si usted anda por la vida dejando “puertas abiertas”, por si acaso, nunca podrá desprenderse ni vivir lo de hoy con satisfacción. Noviazgos o amistades que no clausura, posibilidades de “regresar” (a qué?), necesidad de aclaraciones, palabras que no se dijeron, silencios que lo invadieron. Si puede enfrentarlos ya y ahora, hágalo! Si no, déjelo ir, cierre capítulos. Dígase a usted mismo que no! que no vuelve. Pero no por orgullo ni por soberbia, sino porque usted ya no encaja allí, en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación, en esa casa, en ese escritorio, en ese oficio. Usted ya no es el mismo que se fue, hace dos días, hace tres meses, hace un año, por lo tanto, no hay nada a que volver. Cierre la puerta, pase la hoja, cierre el círculo, Ni usted será el mismo, ni el entorno al que regresa será el mismo, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por usted mismo desprender lo que ya no está en su vida. Recuerde que nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo, nada es vital para vivir porque cuando usted vino a este mundo llegó sin ese adhesivo por lo tanto es “costumbre” vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin el adhesivo humano o físico que hoy le duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse y, humanamente se puede lograr porque, lo repito, nada ni nadie nos es indispensable. Solo es costumbre, apego o necesidad. Pero… cierre, clausure, limpie, tire, oxigene, despréndase, sacuda, suelte. Hay tantas palabras que significan salud mental y cualquiera que sea la que escoja, le ayudará definitivamente a seguir para adelante con tranquilidad. ¡Eso es la vida!” 

Paulo Coelho

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