Omega 3 y Omega 6

Hay diferentes tipos de grasas, por un lado están las saturadas que son las grasas que suelen denominarse “malas” ya que en exceso endurecen las arterias y pueden producir problemas de colesterol y trastornos en la circulación. Los productos de origen animal como carne o mantequilla, el aceite de palma o el aceite de coco son ricos en este tipo de grasa.

 Otro tipo diferente de grasas son las insaturadas, al revés que las grasas saturadas, controlan el colesterol y previenen de enfermedades cardiovasculares. Dentro de este grupo podemos diferenciar entre las monoinsaturadas que las encontramos en los aceites (sobre todo en el aceite de oliva), frutos secos, semillas, aguacate… y las poliinsaturadas que las encontramos en el aceite de pescado, pescado azul, aceite de girasol…
Dentro de las grasas poliinsaturadas nos encontramos los famosos omega 3 y omega 6 que seguro que te suenan y que ya hemos comentado algo en entradas anteriores. Ambos tipos de omegas necesitan ser ingeridos a través de la alimentación porque no se producen por el organismo directamente, por ello los llamamos ácidos grasos esenciales.
En ocasiones, a los ácidos grasos poliinsaturados se les somete a un proceso que se denomina hidrogenación para potenciar el sabor y mejorar la textura de ciertos alimentos, pero el resultado es que se convierten estas grasas en saturadas y el efecto para la salud es muy negativo porque el cuerpo no las reconoce y las acumula en el tejido adiposo. Es lo que llamamos grasas trans, cuanto menos tomes, mejor!
Las grasas que han de estar presentes en mayor proporción son las monoinsaturadas, no es bueno abusar de grasas saturadas por el motivo que ya he comentado y tampoco es bueno abusar de grasas poliinsaturadas porque se oxidan rápidamente y son muy inestables. Si se toma exceso de grasa poliinsaturada, el organismo genera más radicales libres y éstos necesitan más antioxidantes para neutralizarlos, sino se producirá un deterioro de las células, aumentando el riesgo de enfermedades cardiovasculares y arterioesclerosis.
Lo ideal es consumir alrededor de un 15% de grasas monoinsaturadas, un 10% de grasas poliinsaturadas y un 5% de grasas saturadas.
Lo más importante con relación a las grasas poliinsaturadas es la relación entre omega 3 y omega 6, en la sociedad en la que vivimos hoy en día, hay un exceso de omega 6 (que puede producir inflamación) en comparación al omega 3 (que es antiinflamatorio). Además, la gran mayoría de alimentos con omega 6 están procesados y dañados, generando más inflamación todavía. El equilibrio debería ser 1 parte de omega 3 por 3 partes de omega 6 y hoy en día, la relación es 1:20 a incluso más. Cuando hay un desequilibrio entre ambas grasas entra un proceso de inflamación, acompañado de insomnio, estrés, ansiedad, depresión, hiperactividad…

Las grasas de buena calidad las encontramos sobre todo en el ACEITE DE OLIVA DE PRIMERA PRESIÓN EN FRÍO, es importante que sea de primera presión en frío para que no haya estado a altas temperaturas y que así mantenga todos sus nutrientes. Más aún cuando lo vamos a calentar, asegurándonos que es la primera vez que se somete a calor y no la segunda, como pasaría cuando no es prensado en frío.

También las encontramos en todo tipo de SEMILLAS, donde además de ácidos grasos de buena calidad encontramos calcio (semillas de sésamo), hierro (semillas de calabaza), omega 3 (lino),  vitamina E/ácido fólico/magnesio (girasol)…

Encontramos ácidos grasos de buena calidad también en los FRUTOS SECOS, son especialmente recomendables las nueces por su contenido de omega 3 y las almendras por su contenido en vitamina E, ácido fólico, calcio y magnesio.

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