Tipos de hambre emocional

Hola,

Desde la semana pasada estamos hablando del Hambre Emocional, hablamos de lo que es y de cómo diferenciarlo del hambre física.

Hoy vamos a hablar de situaciones que veo que se repiten una y otra vez, no quiere decir que si te das un atracón de vez en cuando o comes de forma emocional tengas que estar en estos “prototipos” pero sí te invito a que pienses sobre lo que voy a contarte a continuación por si hay algo que te resuena…

A lo largo de los años, pasando consulta de Coaching Nutricional, cada vez tengo más claro que el conflicto principal cuando uno está en plena “lucha” con el peso, adelgazar, engordar… es un conflicto emocional. Podemos aprender a comer mejor, siempre hay cosas que se pueden mejorar! pero lo que nos atormenta, lo que tratamos de tapar y no mirar cuando comemos sin hambre, es nuestra sombra, aquello que no nos gusta de nosotros mismos, aquello que supone “meter el dedo en la yaga”.

Si sueles leer mis entradas, si conoces un poquito sobre la Alimentación Energética, sabrás que existen dos tipos de personas (generalizando mucho). Un tipo de persona delgada, alta, sensitiva… que cuando está desequilibrada suele estar con falta de energía y de vitalidad, un sistema inmune débil… Y un tipo de persona con tendencia a coger peso, menos alta, práctica, con los pies en la tierra… que cuando está desequilibrada suele estar con exceso de actividad, agresividad…

Podemos hablar de dos tipos de hambre emocional según cada tipología de persona, en el primer caso, a la conclusión a la que he llegado, es muy habitual que la persona lo que busca es el cuidado, el amor y la atención de la madre. Esto se entiende perfectamente al irnos a cuando éramos bebés, llorábamos y nuestra madre nos cogía en sus brazos, nos protegía y nos cuidaba. Al acudir a la comida de forma inconsciente estaríamos buscando ese cuidado, ese reconocimiento, esa protección, viva o no nuestra madre, lo que hay detrás es una emoción de miedo. Reconocer esos miedos, ponerles nombre puede ayudar a reducir esa “necesidad” de meter algo en la boca.

En el segundo de los casos, he visto que se repite muy a menudo, sobre todo en caso de mujeres que son madres y además trabajan, que no tienen un minuto libre, que lo que buscan con el alimento es relajarse. Está demostrado cómo el llenar el estómago, sobre todo de hidratos de carbono refinados, relaja, sacia, da sensación de saciedad. Esa sensación de relajación es temporal pero muchas veces sirve para tapar y no ver más allá, sirve para no hacer cambios en la vida porque no se encuentra el valor para plantarse, para buscar alternativas, para encontrar tiempo para una misma sin sentirse culpable. Al acudir a la comida de forma inconsciente estaríamos buscando el relajarnos, desconectar, parar. Reconocer la culpabilidad, proponerse un cambio a nivel familiar y conectar con una misma puede ayudar a reducir esa “necesidad” de meter algo en la boca.

De una forma u otra, mi recomendación es, que hagas un trabajo contigo mism@, y no vale hacerlo uno mismo porque uno mismo  no ve más allá, necesitas una persona que te oriente, te guía y te ayude a detectar esas emociones, aprendiendo a gestionarlas adecuadamente, transitándolas sin acudir a la comida. Si te animas, te ofrezco la primera sesión por skype gratuita para conocernos, que me puedas contar tu situación y plantear formas de caminar de forma conjunta.

Aprovecho para utilizar una bella afirmación que me enseñó mi hermana Chandra, y me estaba viniendo a la cabeza según iba escribiendo esta entrada:

“Con coraje enfrento los desafíos de la vida”

Recommended Posts

Leave a Comment